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La tacita rota

Una historia breve y tranquila sobre cómo a veces, después de una rotura, puede aparecer algo nuevo y valioso.

Había una tacita de porcelana que vivía en un estante de madera, siempre orgullosa de su brillo. Era una de las preferidas: la usaban para el té de la tarde, para visitas especiales y para momentos tranquilos.

Un día, por accidente, la tacita cayó al suelo y se hizo pedazos. Los trocitos quedaron desparramados por la cocina. Parecía que ya no tenía arreglo.

Su dueña, en vez de tirar los restos a la basura, se sentó con paciencia y empezó a juntar cada pedacito. Con cuidado, fue pegando la porcelana, un fragmento a la vez, con calma y cariño.

Cuando la tacita volvió al estante, ya no estaba perfecta. Tenía pequeñas líneas donde antes se habían abierto grietas. Sin embargo, también tenía algo nuevo: una historia que contar.

"Ahora estoy mejor que antes", pensó la tacita. "Porque sé que puedo romperme y volver a armarme, si alguien me quiere lo suficiente como para tomarse el tiempo de repararme".

Desde entonces, cada vez que alguien la miraba, ya no veía una taza rota. Veía una tacita que había sido reparada con amor, y que había aprendido que las marcas también pueden ser señales de cariño y de fuerza.

Esta lectura es para recordar que, incluso cuando pasamos por momentos difíciles, con paciencia y afecto podemos recomponer lo que se siente roto, y seguir adelante con una historia más.